Ir al contenido principal
LA ENTREGA MÁS SUBLIME DEL SER
Se suele decir que el amor de Dios es como el amor de mamá. Esto, no solo es una simple analogía sobre el amor. En realidad hay mucho verdad en lo que se afirma. Esto, para muchos, se ha convertido en algo incomprensible: ¿cómo es posible que la mujer sea una de las más bellas expresiones de Dios?
De hecho, cuando hablamos de amor, hay más detalle en la mujer. Y de aquí debemos partir para reflexionar en torno al día en que recordamos al ser más preciado que Dios nos dio: nuestra madre.
¿Cómo no amar a nuestras madres? ¿Cómo no ser gratos con ellas? ¡Si gracias a ellas es que en estos momentos podemos existir! ¡Si gracias a ellas es que podemos hacer lo que ahora estamos haciendo! Y todo cuanto lo hicieron, lo hicieron por amor y con amor. Se trata de un amor sublime o, mejor dicho, se trata de la entrega más sublime de este bello ser que siempre le decimos "mamá".
De ella nunca escucharemos: "¿Quién soy yo para que cuentes conmigo?", antes bien, de ella siempre escucharemos: "aquí estoy hijo, yo que soy tu madre". Porque ellas más que nadie entienden el don de ser madres que Dios les ha dado. y su ser madres no tiene horario, siempre están para nosotros todos el tiempo.
Para el cristianismo, nuestras madres son aquellas mujeres en las que recordamos a la Madre de madres, la Santísima Virgen María. Y, ¿cómo no amar a la Virgen María? Por eso, así como respetamos a María, así como somos gratos con María, así debemos ser con nuestras madres. No solo en esta fecha en que les rendimos honores, sino siempre y cada uno de los días.
Comentarios
Publicar un comentario