El misterio del hombre: una sensibilidad insostenible

El hombre está lleno de misterios, es más, él mismo es un misterio que desemboca no pocas veces en su misma incomprensión. 
Su vida, la existencia humana, no solo se cimienta en todo lo sensible que encuentra al paso, sino también en aquello que es invisible a la materialidad de los ojos. Esto significa que el hombre, en algún momento de su vida, tiene la necesidad de realizar un salto en la mirada: que va desde una mirada con los ojos humanos a una mirada con los ojos del alma.
Esto explica la complejidad de la convivencia en la sociedad, puesto que se sigue un proceso inevitable en que todos buscan la verdad, pero la mayoría es reacio al momento de aceptar. Se obvia que, el hombre, "una vez que ha encontrado la verdad, debe guiarse según ella". 
La verdad como camino implica, desde luego, la advertencia de los ojos del alma. Porque antes de decir una verdad se debe vivir en ella, antes de explicar la verdad se debe conocerla y antes de dirigirnos a ella debemos saber dónde se encuentra. 

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