Libertad, realización
y miedo no deben estar religados.
Porque ya de por sí en su enunciación no muestran ninguna afinación, sin
embargo, en la vida de las personas es lo que más se ha dado como consecuencia
de una personalidad distorsionada. Y ya que es un tema de personalidad se deberá notar que sus efectos no solo son al
interior de la persona sino en la persona y más allá de ella. En principio,
parece un tema de poca importancia, teniendo en cuenta que en muchas ocasiones
las carencias son reemplazadas multiformemente en el presente siglo.
Sobre este tema muchas son las propuestas y diversas
las instituciones y autores que las plantean, ya sea por convicción, o por
conveniencia. Ya sea con el afán de mejorar “sus bienes materiales” y destruir
los “bienes relacionales” o simplemente con la buena voluntad de ver salir al
mundo del polvo en el que ha caído. Pero, ¿qué tiene que ver la libertad, realización y miedo con
la dependencia? Las implicancias que
estas palabras tienen son muchas y están asociadas a otras más como felicidad y conciencia. Esta última, sobre todo.
La libertad
como fin de realización personal
La libertad es uno de los elementos más deseados por
el hombre, pero muy pocas veces entendido y comprendido. Algunos creen que lo que
en realidad importa es la “libertad interior” y no la exterior. Este deseo hace
notar lo que se quiere justificar: en muchos casos la esclavitud. Otros, por el
contrario, optan por una “libertad exterior”, quizás sea más claro en el caso
de los no creyentes.
La primera se relaciona de pleno con la conciencia y
felicidad, pues una vez que en el interior se asimile la idea de que “en
realidad lo único y más importante es la liberta, la paz interior, se es
feliz”. La segunda se relaciona con los mismos
conceptos, pero en cuanto que se aleja de la conciencia y, por tanto, de la
felicidad. Porque con la libertad interior se estaría escogiendo una
inclinación hacia los bienes materiales; y como dice Giovanni Reale “la
felicidad no es una fórmula que el resultado es de los bienes materiales”.
De ambas hay algo que preocupa: en primer lugar,
cuando se habla de interioridad, se estaría tratando de una actitud pasiva del
sujeto al asumir la idea de libertad interior. Esto es como estar bien
protegido en una familia, en tu familia, pero condenado a nunca saber qué se
siente pensar, qué se siente tomar decisiones. Segundo, al asumir la idea de
libertad exterior, se asume “que todo está permitido” por así decirlo. Porque
se olvida la necesidad de la paz interior.
Ahora bien, ¿cómo es que ninguna de las dos permite un
buen desarrollo de la persona? ¿Qué es lo que en realidad se debe seguir? La
propuesta está en ponerse en un punto medio. Es decir, la libertad; no la
interior, ni tampoco la exterior, sino la libertad en su totalidad. Esto
significa llegar a un punto medio donde se comprenda que ella no es un concepto
“en nombre del cual está permitido realizar un sinnúmero de cosas, sino que
debe ser orientada hacia el bien; y si de personas se trata, debe ser orientada
hacia los bienes relacionales. Porque solo así podrá efectuarse en consonancia
con la realización de una persona y su felicidad.
Felicidad y
dependencia
No hay felicidad mientras se dependa de algo o
alguien, o al menos no es la verdadera felicidad. “Nadie está obligado a seguir
sus inclinaciones” decía Tomás de Aquino, pero si se trata de corregir dilemas
actuales, se debería decir que “nadie está obligado a seguir otras ideas, pero
si a respetarlas”. Por supuesto que no todas las ideas, porque no todas son
dignas de ello.
El peligro que se corre es que, precisamente, las
ideas son las que o generan dependencia o una autorrealización. Por una parte,
si generan lo segundo es más positivo que si generan la dependencia, porque,
aunque no tenga seguridad-como cual
polluelo permanece bajo las alas de su madre-, sí podrá desenvolverse con
libertad.
Pero no solo por eso es positivo. Sino que la
autorrealización da fin a los miedos y hace fortalecer las potencialidades o
habilidades de la persona, necesarias para una sana convivencia en la sociedad.
Sobre esto, quede clara la diferenciación entre miedos y errores. Porque el
combate con los miedos puede concluir en algún momento de “tú historia personal”,
mientras que los errores de alguna manera es posible que se repitan.
Ahora bien, de todo esto lo más preocupante es la
dependencia cuando está en su extremo. Si bien es cierto no solo evita la
realización de una persona, sino que la eclipsa y tiene efectos fuera de la
persona y en ella. Así, serán peligrosos en tanto los efectos sean fuertes en
el interior, lo cual-como ya se ha dicho
líneas arriba-tiene sus consecuencias en la conciencia.
De todo esto se puede decir que:
La libertad es indispensable en la persona humana,
pero será beneficiosa en tanto sea entendida y orientada hacia el bien. Sin embargo,
puede notarse que anterior a la libertad es posible que exista una dependencia,
pero puede ser combatida con la voluntad.
Además, felicidad y dependencia no tienen un punto de
conciliación. Porque es falso que “la felicidad de una persona depende de la de
otra”. Es más bien la felicidad de una persona es a lado de la de otra, no cómo
dependencia sino como complementariedad.
Finalmente, la dependencia es un grave problema.
Porque-como dice Alasdair MacIntyre-
“si la dependencia es extrema, se pierde la noción (no solo de libertad) sino
de conciencia”. Es decir, se llega a un punto donde una persona no distingue ni
lo bueno ni lo malo. De modo que la dependencia no es una columna que sostiene
a una persona, por el contrario, es una bomba causada por el olvido del hombre,
que ignora que delante de él “está vida y muerte”. Es decir, o dependencia o
felicidad. Sin embargo, el consuelo es leve, porque recuperar la conciencia no
es tan sencillo como parece. Pues implica superar aquellos tutores de la vida o
en el mejor de los casos llegar al “sapere aude: atrévete a pensar por ti
mismo”.
Comentarios
Publicar un comentario