HUMANISMO FRANCISCANO: UNA MIRADA ATENTA Y CORTÉS DE LA REALIDAD

Por Nilton Guerrero Melendres

INTRODUCCIÓN
La expresión de voces desesperadas ha ido aumentando a largo de la historia. Muchas de ellas son escuchadas con espíritu animoso e inteligente, otras son ignoradas, y muchas otras son escuchadas demasiado tarde. Pero, a pesar de todo, todas estas voces son encasilladas bajo una cierta base de valores: a veces demasiado idealistas que no hacen otra cosa que sostener una humanidad en el aire, otras son demasiado racionalistas que se olvida que el ser humano es un ser sintiente; pero nadie-salvo honrosas excepciones-ha tratado de tomar lo positivo de cada postura para dar una respuesta humana para seres humanos: cosa que desde sus inicios el franciscanismo ha tratado y que Papa Francisco está tratando de sacar a la luz la riqueza de este pensamiento.
No deseo hacer un repaso de los responsables de aquellas ideas que aquí consideramos como desviadas de la verdad, pero sí quiero  dejar en claro que sí se ha denunciado muchas de las ideas: Filósofos[1], moralistas[2] y poetas-y ahora último el Santo Padre-no han dejado de anunciar las cosas buenas y de denunciar los vicios que envilece nuestra sociedad. Está claro que no hay un responsable directo de la devaluación de valores que aqueja el espacio en que nos desarrollamos, pero sí hay un poco de responsabilidad moral en lo que se refiere a actos del pensamiento: todos los que nos decimos franciscanos en este caso. La crisis de valores se extiende por todas partes y lo único que se nota es que nadie parece hacer nada.
¿Quién dijo que no podemos hablar de política o denunciar los actos inmorales en los que vienen cayendo nuestros “disque” líderes políticos? "Con el bautismo hemos sido ungidos sacerdotes, profetas y reyes”. ¿Por qué no cumplir con lo de “profetas” para anunciar las cosas buenas y denunciar todo lo pernicioso que tanto afecta a nuestra humanidad? ¿Por qué no decirle al mundo que sí es posible una sociedad de valores que nos permita andar en la verdad, promover el bien y salvaguardar los bellos vestigios que Dios dejó en su creación? San Francisco no hizo de oídos sordos al tan conocido momento en que frente al crucifijo de San Damián escucha: “Francisco, repara mi Iglesia, ¿no vez que amenaza tuinas?”, ¿por qué no hacer nuestras estas palabras? Palabras que aplicadas a nosotros serían: “¿No ven que las sociedades amenazan ruinas?”.
Lo que deseamos demostrar es que filósofos, teólogos, moralistas y poetas han iniciado los “ayes” por medio de su obras escritas, y que estas mismas voces que se presentan bajo ideas sistematizadas, en la actualidad las viene presentando con más ahínco nuestro Santo Padre Francisco[3]; incluso, ya no son solo reclamos bajo meros escritos, sino estos reclamos vienen acompañados de las consecuencias que están a la luz del día: países sin valores, contaminaciones, explotaciones, matanza a gran escala, etc.
Consideraremos el estilo del que se valió Aristóteles para delimitar aquello que es bueno y malo, así como también los principios de Kant sobre todo en su obra Critica de la Razón Práctica. Así podremos dar una respuesta desde un humanismo franciscanos, con una mirada siempre cortés y atenta, muy característica del estilo de vida dejado por Francisco de Asís y de quienes han hecho de este etilo un pensamiento.
I
¿PREFIGURACIÓN DE IDEAS FRANCISCANAS?
La felicidad es lo que el hombre siempre ha deseado, aunque no siempre se ha preguntado por ella. ¿Quién no desea ser feliz? Es más, ¿quién no ha intentado ser feliz? Está claro que dentro de esto debemos hacer una observación a tener en cuenta: que la felicidad depende de cómo se orienten nuestras acciones, acciones que deben ser precedidas por un conocimiento. Es decir, se conoce y luego se hace aquello que se saber.
Las propuestas éticas son varias a lo largo de la historia. Sócrates, Platón, Aristóteles y los pensadores posteriores coinciden y seguimos coincidiendo que la ética está orientada hacia la felicidad o debe servirnos para ser felices.
La propuesta de Aristóteles es clara: todas sus definiciones o comprensiones de la Virtud son de acuerdo al contexto de la ciudad y del individuo. Esta forma de promover una vida virtuosa sirve en tanto que hace una diferenciación entre esclavo y un hombre libre, un niño y un adulto, una mujer y un hombre.
Ahora bien, aplicada esta propuesta, está claro que todos, por medio de los roles que cumplan, orientaran sus actos al fin que es ser felices, pero no como un estado sino como una actividad que al final hace lograr la contemplación, que debe ser entendida como felicidad provocada por el buen actuar.
Cuando Aristóteles escribe La Ética Nicomáquea utiliza un método que parte de los sentidos, sentidos que se centran en el acto del individuo, y no solo en su actuar, sino también tiene presente el modo como es comprendido ese acto por ese mismo individuo. Hay una mirada no en el hombre, sino en ese hombre. Es una prefiguración “del ir hacia lo concreto” que será una de las propuestas del franciscanismo. Es el sentido de actuar de un hombre con nombre y todo un conjunto de elementos que lo hacen ser tal, y no es el actuar de un hombre cómo concepto generalizador.
Kant, a diferencia de Aristóteles, resume su propuesta Ética en que nuestra Razón Pura elabora juicios frente a una Razón Práctica que establece Imperativos. Son los Imperativos Categóricos planteados en Critica de la Razón Práctica. Con esto no dice que la ética no se basa en leyes dadas como consecuencia de buenos actos, sino que es universal y vacía de cualquier contenido empírico. Así, una de sus máximas que mejor resume su propuesta es: “obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre, al mismo tiempo, como principio de una legislación universal[4].
II
REINCERSIÓN DEL ESTILO DE VIDA Y PENSAMIENTO FRANCISCANO
El pensamiento franciscano respecto de la ética no solo se caracteriza por ir hacia la cotidianidad del hombre al estilo aristotélico que solo busca la perfección sin un fin claro, ni tampoco es una ley sin una experiencia al estilo kantiano; es un conjunto de ideas que van hacia la cotidianidad del hombre que busca perfeccionarse por las virtudes para encaminarse hacia la realidad absoluta, Dios[5].
El pensamiento es concreto y, si no es muy atrevido decir, completo. No son teorías dadas por una racionalidad, no es un pensamiento basado en la mera especulación. Es un pensamiento que “especula sobre la vida, pero para la vida”[6]. Y justamente porque piensa a partir de un estilo de vida, hace que se convierta en un pensamiento que “mira con atención y cortesía la realidad” en que nos desarrollamos.
Varias de las ideas del pensamiento franciscanos son muy notorias en las catequesis de Papa Francisco. Todo esto trae consigo no solo la responsabilidad de anunciar las bondades de la humanidad y de denunciar los vicios de la misma, sino la responsabilidad de desempolvar los libros para releer nuestro pensamiento y, sobre todo, vivirlo en nuestro contexto.
Así, notamos que no es suficiente con las grandes prédicas que brindamos sobre fraternidad universal si no hemos constituido una fraternidad local, no sirven los discursos de minoridad si no hemos aprendido qué significa y cómo ser menores; sí, debemos pasar de los discursos éticos a los actos éticos.
Está claro que el Santo Padre no ha escrito específicamente sobre el pensamiento franciscano, pero sus catequesis, sus propuestas en Laudato Sí, muestran con una evidencia única la vigencia del pensamiento que Francisco de Asís empezó como estilo de vida. La misma forma como desarrolla su vida el Obispo de Roma es la reinserción del pensamiento franciscano. ¿Fue necesario un jesuita para recordarnos nuestro estilo de vida y nuestro pensamiento que lo ampara?
Falta atrevernos a ser como lo exige el carisma, falta poner nuestro estilo de vida y pensamiento a los ojos de la sociedad. A algunos les falta, para empezar, saber que son franciscanos; a otros, que no solo es un estilo de vida pasado de moda; y por último, nos falta pasar de Ser al hacer. Es decir, “Pobres y Menores, ¿dónde estamos?[7].




[1]. Cf. SARTORI, Giovanni: Homo Videns. La sociedad teledirigida; Buenos Aires, Taurus, 1998, p. 11. Otros filósofos como Giovanni Reale, José Antonio Merino han trabajado ideas semejantes.
[2]. Cf. Ver en Semana de Estudios Franciscanos: “Con Francisco amemos la creación”, del 01 al 05 de setiembre de 2014, dictada por Martín Carbajo Núñez; este mismo autor en Francisco de Asís y la ética global.
[3]. Cf. El contenido de la Laudato Sí; También en Amoris Laetitia ha tratado estos temas.
[4]. KANT, Immanuel: Crítica de la Razón Práctica; Salamanca, Ediciones Sígueme, 2002; p. 49.
[5]. MERINO, José Antonio: Historia de la Filosofía Franciscana, Madrid, B.A.C.; 1993, p. 253.
[6]. MERINO, José Antonio: Historia de la Filosofía Franciscana, p. 95.
[7]. Documento que lleva ese título, Roma, 2016.

Comentarios